ANTROPOLOGÍA DE LA CAZA (II). LA HUMANIDAD Y LA CAZA

“El Homo sapiens no ha sido creado. Es fruto de la evolución». Yuval Noah Harari

Se comenta que la prostitución es el oficio más antiguo del mundo. Antes, el hombre cazó.

EL PALEOLÍTICO

Durante 2,5 millones de años, los humanos se alimentaron recolectando plantas y cazando animales que vivían y se reproducían sin su intervención.

En el Paleolítico Inferior conviven varias especies de homo: Homo erectusHomo ergaster y los Neandertales (Arsuaga, JL & Martínez, I).

No hay un patrón cinegético establecido, la alimentación en esta época es muy carroñera, un sistema parecido al de las hienas.

Es en el Paleolítico Medio cuando empieza a realizarse la caza en grupo.

En el Paleolítico Superior, el Homo sapiens sapiens (cromagnon) es el que pinta dibujos en las cuevas y deja plasmados en ellas el ambiente natural en el que caza.

Normalmente representa caballos y uros, que son los restos que encontramos en yacimientos de estas cronologías…

Se interpreta que se trata de rituales mágicos para propiciar la caza. Pintan lo que quieren cazar… Atraen de este modo las faunas…

Los hombres en estos momentos son nómadas y se mueven siguiendo a las faunas… Donde van los ciervos van ellos y lo mismo ocurre con el resto de animales… Obsérvese que hablamos de grandes bóvidos y de Equus caballus… que es lo que suelen cazar.

El ser humano ya caza en grupo

El comportamiento del ser humano en esta época es ya especializado. El ser humano ya caza en grupo.

En la adaptación selectiva a los peligros de la Edad de Piedra, la sociedad humana superó o subordinó características primates, tales como el egoísmo, la indiscriminación sexual, el dominio y la incompetencia brutal.

Substituyó el conflicto por el parentesco y la cooperación, colocó la solidaridad sobre el sexo, la moralidad sobre el poder.

En estos tiempos primitivos se llevó a cabo la reforma más grande de la historia, la superación de la naturaleza humana a partir de la naturaleza primate y, de este modo, se aseguró el futuro evolutivo de las especies (Sahlins, MD).

Pero si algunos de los simios se convirtieron en Homo sapiens y vivieron en una sociedad parecida a la humana, no fue simplemente porque algún gene altruista superó a un gene egoísta, cambiando así el carácter de la vida social.

Los individuos humanos son tan egoístas como los otros animales. La diferencia estriba en el hecho de que las sociedades humanas tienen sistemas de recompensas y castigos, con las alegrías y temores que se asocian a ellos, que pueden hacer que el buen comportamiento con los demás beneficie al individuo (Service, ER).

Alianzas 

De hecho, entre las tribus de cultura poco desarrollada sólo se conoce un medio para conservar una alianza permanente y este medio es el matrimonio entre sus propios miembros.

Una y otra vez en la historia del mundo las tribus salvajes deben haber visto con claridad una simple alternativa de orden práctico entre casarse fuera de la tribu o ser asesinado fuera de la tribu.

Incluso en culturas más desarrolladas encontramos el valor político del matrimonio entre miembros de distintos pueblos, “Entonces os entregaremos a nuestras hijas, y tomaremos a vuestras hijas, y viviremos con vosotros y nos convertiremos en un solo pueblo”, como reza un pasaje bien conocido de la historia de Israel (Tylor, EB).

El hecho de que la regla del matrimonio es un recurso político para la sociedad más que simplemente una conveniencia de los individuos queda ilustrado por la importancia de dos instituciones estrechamente relacionadas con este.

Son las llamadas levirato y sororato, las cuales preservan el arreglo matrimonial incluso después de la muerte de uno de los cónyuges.

El levirato es la regla que obliga a un hombre a casarse con la viuda de su hermano en caso de la muerte de este último. El levirato era practicado por los antiguos hebreos (Deuteronomio XXV, 5-20).

El sororato obliga a la mujer a casarse con el viudo de su hermana en caso de muerte de esta última. Esto está claro que son reglas extendidas en la sociedad primitiva, impuestas sobre los individuos por la sociedad (Service, ER).

A veces se barajan conceptos para el análisis del comportamiento como que las mujeres son los “regalos” de una banda a otra, intercambiados recíprocamente como una forma de alianza simplemente porque los machos son tan poderosos en las sociedades cazadores-recolectoras, que ellos hacen las reglas.

De todo esto se puede deducir que la convivencia SIEMPRE fue compleja y que la sociedad siempre se mantuvo en un complicado escenario donde ha tenido que resolver importantes cuestiones de supervivencia y de relaciones sociales.

EL NEOLÍTICO

La frontera entre el Paleolítico y el Neolítico se produce por un cambio climático (Ynguanzo, MD). Sin duda, hay un cambio muy importante de flora y fauna.

En nuestro país, el hombre sigue pintando pero, esta vez, en abrigos rocosos. Son típicos los del levante español. En este momento ya es sedentario y aquí representa escenas de apicultura.

Obviamente porque ya saben lo que es la miel y les gusta. Y pintan escenas de caza. Pero, ¡alerta!, ya han reducido la talla de los animales a cazar. Se ven sobre todo cabras…

Cuando excavamos estas cronologías encontramos conejos, ovejas y cabras… Claro, las grandes faunas se han extinguido, el último cambio climático ha cambiado el entorno y el aporte de la agricultura es mayor…

Además, hay que pensar que las técnicas de caza son rudimentarias y comportan un indudable peligro. Aquí la caza se realiza en grupo, hecho que minimiza el riesgo.

La llegada de la agricultura y la domesticación le da un respiro más, al peligro que supone la tarea de cazar…

¿Cazadores especializados? 

Aquí ya nos cuestionamos la gran pregunta: ¿es especializado el cazador o no…? Pues, probablemente sí, por las herramientas que utilizaba.

Antropológicamente, en épocas remotas, los grupos humanos se organizan en dos tipos de sociedades. Este hecho es fundamental para comprender la evolución de la humanidad.

Las sociedades tribales y las de cazadores-recolectores. Las TRIBUS están más establecidas en el territorio y esto les permite una organización social muy superior a la de los segundos.

El desarrollo de las relaciones sociales, política, cultura, economía y religión es aquí posible y más sencillo.

Los cazadores recolectores se unen en BANDAS. Sociedades mucho más simples que las tribales. Son nómadas, pues deben desplazarse allí donde hay animales para poder cazarlos.

La simplicidad y la pobreza son a la vez sus aliadas. Tienen que desplazarse con todas sus pertinencias que, por razones obvias, son escasas. Los elementos dentro de la banda son tan próximos y tan familiares, que no se casan entre ellos.

Las bodas entre elementos de bandas distintas, a menudo suponen alianzas estratégicas. Las bandas no tienen suficiente consistencia ni elementos para crear instituciones ni grupos especializados.

De cualquier forma, no se debe pensar que su cultura sea pobre. Su tecnología y la complejidad social están por debajo de los de la tribu, pero en importantes aspectos del comportamiento, moralidad, religión, arte, vida familiar, reglas y sentimientos de parentesco y amistad, pueden estar mejor dotados que en la sociedad tribal. Quizás el nomadismo le permite hacer más benchmark

El alimento y las pocas formas que tienen de obtenerlo, es el foco de vida de las bandas primitivas. Este es un hecho fundamental. La obtención de este alimento es la mayor de sus empresas, pero comporta un enfrentamiento del hombre con la naturaleza.

Aquí los hombres se dedican a la caza, al menos, la que se hace a cierta distancia del campamento.

Las mujeres tienen menos margen de maniobra para poder atender a los hijos y cuidar sus gestaciones. Se dedican a la recolección de vegetales y a la caza menor que puede ser realizada fácilmente.

A pesar de todo, y por las dificultades que entrañan los objetivos, estas sociedades se alimentan, al menos del 70 al 80% de vegetales. Vegetales recolectados por las mujeres.

Trabajo en equipo 

En la actualidad, con un rifle, un hombre solo puede conseguir cazar un gran animal. Con los arcos y las flechas de punta de piedra o con una lanza, hay que hacerlo en grupo. El trabajo en equipo aquí es fundamental.

La banda, más que desarrollar tecnología que luego hay que transportar de un lugar a otro, desarrolla alianzas para el acto de cazar. También negocia con otras bandas para intercambio de alimentos cuando éstos van escasos.

De hecho, la imposibilidad de conservar los alimentos, tanto la carne como los vegetales, hace que se alternen períodos de abundancia con otros de escasez.

Conviene decir que la productividad del trabajo de cazar y pescar con medios precarios, hace que ocupen la mayoría del tiempo. Esto condiciona quizás a tener menos posibilidades de culturizarse.

Entre las bandas, los intercambios de alimentos se hacen imprescindibles. Cuando un territorio es más generoso con los vegetales, el del vecino no lo es. La suerte de la caza es libre y unos la tienen más que los otros.

Todo el mundo está de acuerdo que hay que hacer intercambio. El pensamiento moderno va encaminado a “vender caro y comprar barato”.

En los pueblos primitivos, lejos de estos conceptos “de modernidad”, piensan al revés. Regalan abundantemente. Admiran la generosidad y admiten la hospitalidad como una obviedad… Consideran la ganancia como un egoísmo.

Y curiosamente, cuanto peor es su economía, más generosamente se comportan. De hecho, los grados de parentesco son altos…

Puede ser que exista competición en el ejercicio de dar. De hecho, si un joven regala algo a un adulto, éste no está obligado a devolverlo. Pero, de igual a igual, un regalo debe de ser devuelto por otro igual o superior.

De cualquier manera, también como en nuestra sociedad, a menudo hay conflictos en los intercambios…

EL MUNDO ROMANO

Desde la antigüedad hasta el mundo moderno, existen dos variedades de caza. La caza menor y la caza mayor.

Probablemente desde esta época o quizás de antes, la caza mayor está reservada a las élites sociales, y la caza menor (el conejo, la perdiz, la liebre, las anátidas, ¡el corzo! y otras) pertenecen al pueblo. Esto se ha mantenido hasta la segunda mitad del siglo XX.

En esta época, el cazar un león, un leopardo o un oso, se reserva a la clase dirigente o a los ricos. Y se reserva la caza del elefante únicamente al emperador.

Se excluyen aquí las extensas áreas geográficas en las que, legal o furtivamente, se ha seguido cazando para defenderse o alimentarse.

Desde la invasión por el norte de la península Italiana de Aníbal con sus elefantes, animales hasta entonces desconocidos por la gente, existe en el mundo romano un respeto imponente al proboscídeo. Llegan a cambiarle el nombre por el de “animal” a secas. Es el rey de todos los animales por excelencia.

En los anfiteatros el hecho de exhibir grandes faunas y cazarlas era un poco un ritual de sustitución.

Esto, ¿qué quiere decir? Que el público se identifica con el emperador y caza, no de manera real, sino ficticia, puesto que el VENATOR (cazador) simbólicamente representa al emperador y la gente a través del venator caza algo que le está prohibido…

Dicen los estudiosos que mediante esta asimilación se restablecía el númen del emperador (es decir, sus dioses personales pero impersonales, pertenecientes a la antigua esfera religiosa del mundo itálico antes de que los griegos prestasen a los dioses romanos el antropomorfismo que los caracteriza) (Ynguanzo, MD).

LA EDAD MEDIA 

En esta larga y oscura época, la caza menor es un recurso de supervivencia para una grandísima cantidad de personas.

La caza mayor la practica la nobleza en sus fincas y representa un porcentaje ínfimo de ingesta proteica.

Es histórica la depredación de las clases bajas a las áreas de los ricos donde existe carne de sobra mientras las alacenas están vacías. El furtiveo pasa de la necesidad, pura y dura, a ser casi un arte.

De cualquier manera, hay que valorar que la sociedad percibe la necesidad de incluir proteínas animales en la dieta. (Continuará).

Por Josep Giné i Gomà. Doctor en Medicina y Cirugía para Cazawonke de España.

Especialista en Cirugía Ortopédica y Traumatología Exdirector del servicio de Traumatología y Cirugía Ortopédica de los Hospitales Joan 23 de Tarragona y Sant Pau i Santa Tecla de Tarragona Exdirector del Hospital Joan 23 de Tarragona Profesor emérito de Medicina y Cirugía del Aparato Locomotor (URV) Exprofesor no numerario de Anatomía y Embriología humanos (Universidad de Zaragoza)

⇒ Antropología de la caza (I). ¿Por qué los cazadores seguimos en la ‘brecha’?

BIBLIOGRAFÍA 

  • Arsuaga Ferreras, J.L. and Martínez Mendizábal, I.; “La especie elegida. La larga marcha de la evolución humana.” Ed. Temas de hoy. Madrid 2001 ISBN: 84-8460-110-2
  • Harari, Y.N.; “Sapiens. De animales a dioses.” Orig. “Sapiens. From animals into Gods: A Brief History of Humankind.” Ed. Penguin Random House Grupo Editorial. Barcelona 2019 ISBN: 978-84-9992-421-2
  • Leroy-Gourham, André; “Prehistoria del arte occidental. El Arte y las Grandes Civilizaciones.” Ed. Gustavo Gili. Barcelona 1968 ISBN: 8425200288, 9788425200281
  • Sahlins, Marshal D.; “The Origin of Society”, Scientific American, p. 86, num. 3, 1960
  • Service, Elman R.; “Los Cazadores.” Orig. “The hunters.” Ed. Diameante. Barcelona 1973 ISBN 84-335-5734-3
  • Tylor, E.B.; “On a Method of Investigating the Development of Istitutions: Applied lo Laws of Marriage and Descent”, Journal of the Anthropogical Institute, vol. 10, pp. 245-269, 1888
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