De caza en la temporada del Covid

IMPACTO La buena cosecha y la calma en la cría animan el año, pero la crisis económica afecta a todos los implicados.

8:30 am. Café, churros y migas. Sorteo de puestos. A las 10, todos a los 4×4 apretados, armas enfundas. Fina lluvia y niebla, charcos y barro al cruzar el barbecho. Mal puesto (quizá bueno). Espera. Son las 12:00. Suelta. Ladridos y carreras. Nervios. Silencio. Espera. Disparo. Más nervios. Otro tiro. Todos los sentidos están alerta: auditivo, visual incluso olfativo, no vaya a ser que el viento juegue una mala pasada. Pasa un cochino, lejos. Luego, un venado. Suena una caracola. Ya son las 15:00. Ha llegado el postor. Es la hora de la comida, un momento casi tan relevante como la propia cacería, en el que compartir lances, errores y avistamientos y que este año podría quedar vedado por coronavirus.

LA MONTERÍA Se trata de una modalidad de caza mayor tradicional de nuestro país, en el que el cazador espera en un puesto. Entre las empresas que organizan monterías encontramos Safaris & Outfitters o Espacaza, punteras en este mercado. Las grandes fincas de renombre, en su mayoría, organizan monterías privadas.

Con la llegada del otoño se abre la veda para la caza mayor en gran parte de España, una práctica demonizada por muchos pero practicada por otros tantos. Es la tercera disciplina deportiva por número de federados en nuestro país, con cerca de 800.000, por detrás de fútbol y baloncesto. Guste o no, forma parte del acervo cultural de España, donde el 87% del territorio es considerado terreno cinegético. Sin embargo, cuando desde tribunas, congresos o calles se critica este deporte, se hace sobre el imaginario del señorito de la Escopeta Nacional, de Botswana o de monterías de bermejos y garzones, olvidando citar y recordar el mundo rural y la España vaciada, los 187.000 puestos de trabajo anuales que genera, equivalentes al 81% de la ocupación que crea el sector de fabricantes de vehículo a motor o casi la mitad de los trabajadores ocupados en servicios de alojamiento, según el Informe Evaluación del impacto económico y social de la caza en España (2016, último disponible), de la Fundación Artemisan y Deloitte. En total, se estima que el gasto movilizado por la caza supera los 5.400 millones de euros, equivalente al 13% del sector agrícola, ganadero y pesquero, al 4% del sector de la construcción o al 9% del sector financiero.

“Habrá mucha población de macho montés que al quedar sin cazar no dejará sitio a la siguiente generación”.

No obstante, al igual que el resto de industrias, también se está viendo afectada por la crisis económica derivada del coronavirus.

Efectos de la pandemia

En lo puramente cinegético, “este año será una buena temporada, pues la pandemia nos ha confinado cuando no era temporada de caza –si acaso, afectó un poco al corzo–. Además, se han dado buenas condiciones climatológicas y hemos tenido una gran cosecha; ha sido una primavera lluviosa, y a pesar del caluroso verano, los animales están bien alimentados, por lo que subirá el nivel de los trofeos. Con el añadido de que al haber menos movimiento de personas por el monte, caminos y carreteras, la cría ha sido más tranquila por lo que hay más abundancia”, explica Ignacio Valle, presidente de la Real Federación Española de Caza.

Lo habitual es que el cazador cace en dos o más autonomías, siendo Castilla La Mancha la principal.

Ya a partir del próximo 12 de octubre y hasta el 20 de febrero aproximadamente, que es cuando comienza la temporada de caza de mayor en la mayoría del territorio nacional, es cuando más se notarán los efectos de la pandemia y la crisis económica nacional. “El mayor impacto lo notaremos en la ausencia de cazadores extranjeros. Aunque en número apenas representarían entre el 3% o el 4% de los cazadores, cuentan con un presupuesto mucho mayor”, explica Valle. El principal gasto lo destinan a la caza de grandes trofeos de cabra montesa, única de España y cuyo precio ronda los 6.000 euros, pero también al rebeco, los ojeos de perdiz en grandes fincas y las monterías, modalidad clásica de caza mayor en España. “Son gente con alto poder adquisitivo, procedentes en su mayoría de Estados Unidos, Alemania, Austria y Francia, que cuando termina la temporada de caza en sus países, aprovechan para viajar a España en grandes grupos de amigos”. Según la RFEC, también crece el interés por parte de cazadores latinoamericanos y cada vez más, jóvenes mexicanos de ascendencia española.

LA CABRA MONTÉS, UNICA DE ESPAÑA En Gredos, Beceite o Sierra Nevada, el macho montés es uno de los trofeos más codiciados por el cazador internacional. Según los últimos datos, las capturas de cabra montés superan los 7.600 ejemplares anuales. Los precios varían, desde los 2.500 hasta los 6.000 o incluso los 8.000 euros.

Su ausencia derivará en que este año se quede mucho macho montés sin cazar. “Podrá cazarse el próximo año, pero se corre el riesgo de que se desestabilice el ecosistema pues habrá mucha población que no dejará sitio a la siguiente generación”, explica un gestor de fincas. “Dejar de cazar es malo para las especies, por eso debería ser considerado una actividad esencial aunque surjan nuevos rebrotes ”, advierte el presidente de la Federación. [Para las especies y para el tráfico, pues la expansión de los animales provocó 13.900 accidentes, el 54%, por jabalíes y corzos].

A la ausencia del cazador extranjero hay que sumar el impacto económico que puede suponer la imposibilidad de viajar del cazador nacional derivada de las posibles limitaciones que se impongan ante la nueva ola de contagios de coronavirus. El 61% de los cazadores nacionales se concentra en Castilla La Mancha y Madrid; mientras que los principales destinos de caza son Castilla-La Mancha (elegida por el 86% de los cazadores), Castilla y León (35%), Andalucía (34%) y Extremadura (33%). “Lo habitual es que el cazador español cace en dos o más comunidades autónomas”, destaca el informe de Fundación Artemisan.

LOS OJEOS DE PERDIZ España es un paraiso para la caza de la perdiz roja, especie que mueve unos 300 millones de euros al año, el 25% del negocio. Anualmente se estima que se abaten más de 2,6 millones de perdices. Entre las cacerías más destacadas y envidiadas, las de La Nava, La Ventosilla, La Flamenca, El Quintanar…

Estos desplazamientos derivan en gastos hoteleros, comidas, cátering y turismo rural que ahora se verá duramente afectado como en verano se ha visto el de la costa. De media, el gasto del cazador español, que en su conjunto asciende a 3.700 millones de euros, es de 9.694 euros anuales.

De estos, se estima que más de 2.000 euros anuales se destinan a alojamiento y comidas y que este año quedarán en muchos casos suspendidos. Ahora bien, “por suerte, nuestro cazador es muy social y caza cerca de su tierra”, explica el presidente de la Federación. Son sociedades de cazadores o cotos deportivos, presentes en miles de municipios españoles y la principal forma de caza en nuestro país.

Pero no sólo se verá resentido el turismo rural. Los rehaleros, cuyo perfil es un hombre mayor de 46 años, con un sueldo de entre 900 y 1.500 euros y que cuenta con una media de tres decenas de perros, tienen que alimentar y mantener a los perros haya cacerías o no. De media, en un año normal, los gastos de manutención, transporte y alojamiento de un rehalero ascienden a unos 10.100 euros anuales.

También se verá fuertemente afectado el organizador profesional, perfil con un gasto medio de 82.000 euros anuales y que genera unos 11 empleos.

Por suerte, es una disciplina que se practica al aire libre y que confían por tanto, y por la implicación que tienen sobre el medio ambiente, se mantenga esencial a pesar de la evolución del virus.

Por Lucía Jungo. Para el diario Expansión de España.

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